terça-feira, 16 de agosto de 2011

“JUVENTUD DIVINO TESORO...”


Pablo Ballesteros

No voy a decir cual fue el país en donde aprendí a ser eternamente joven, para no despertar las furias de los intolerantes y envejecidos. Asistía como convidado a una reunión de un Partido Socialista, impresionado por el número de jóvenes cantando consignas revolucionarias como tratando de despertar las conciencias adormecidas de aquellos políticos perpetuos afectados de parkinsonismo ideológico e alzheimer moral. Querían “Parar el Mundo para Bajarse”, pues este no servía para cultivar sus amores y regar todas las utopías bebidas en los senos maternales y amadurecidas en abrazos paternales.

Eran la génesis de una Nueva Sociedad para un Nuevo Hombre, como dijera desde los balcones de la Moneda, en 1970, nuestro H. amigo y compañero de ideales, Salvador Allende. Entre discursos llenos de flores y de Réquiem in Pacem para los “dinosaurios de la política ultra conservadora”, de dirigentes de barrios pobres, universitarios hijos de ricos, estudiantes aún con leche en los labios, desempleados, conscriptos huidos de la disciplina militar, niños queriendo aprender justicia e igualdad, especialmente la belleza de jóvenes queriendo amar y maternalizarse dentro de una nueva matriz de libertad, ellos simplemente se besaban como derramando poemas encima de la indiferencia de los viejos envejecidos. Fue la mejor fiesta de cumpleaños que asistí en mis casi cien años de sueños y luchas por una Educación Laica, Obligatoria y Gratuita como expresara Barros Arana en 1863, cuando la reforma del proceso pedagógico científico en Chile.

Lleno de vergüenza por no haber entendido el calor perfumado de la primavera de mi edad y haber permitido el estupro de los sueños de los libertadores de América, pedí a mi intérprete y camarada que me presentara al Presidente de la Juventud Socialista. Mi petición fue inmediatamente atendida: vi con estos ojos racionales y corazón emocionado venir a mi encuentro un señor con bastón, de largos cabellos blancos como la nieve eterna de mi amado y sufrido País. Quedé mudo pero no sordo. Era el Presidente de la Juventud Socialista. Era un joven de 79 años. Escuché por primera vez que los años son apenas un clima del cuerpo físico y no la jubilación de los ideales. Prometo que vi un joven de verdad, de carne y hueso que con voz acanalada cantaba a mi lado el himno que une como un cordón Ecuatorial la juventud del mundo.

Esa muchedumbre de niños que desafiando balas, palos, chorros de agua inmunda, el miedo natural de sus padres piden hoy en Chile la Educación Nacional, Laica, Gratuita, Obligatoria, Humanista y también Internacional, soy yo y mis compañeros que fueron fusilados o murieron en las cámaras de tortura.

Desde ese día me prometí actuar como joven con enseñanzas de años y lecciones de mis antiguos maestros, jamás dejar que mis sueños de Libertad queden como ancianos en la puerta del tiempo esperando la muerte. Por eso creo que Rubén Darío escribió erradamente Juventud Divino Tesoro, te fuiste para no volver. Ella no vuelve, porque si yo quiero no se va…

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