¿DONDE ESTA EL AMOR?
Hace
unos días escribí en faceboock cierta reflexión sobre esta frase que encontré
colgada de una muralla en el centro de esta ciudad, en la cual vegeto como un
extranjero o como gitano sin brújula. Dije que me impresionó, pues hasta el
momento no he podido encontrar el amor de verdad; ese fuego que quema el pasado
y como Ave Fénix nos da un nuevo calor para soñar que amamos y somos amados.
Las pobres o ricas prostitutas de todas las historias convidan a sus clientes
(a tantos pesos el orgasmo rápido y septicémico) a “hacer amor”. Los políticos
que nos roban la conciencia para poder corrompernos y hacernos navegar hacia la
Tierra Prometida con los remos de la mentira, dicen que aman al pueblo,
mientras ese pueblo no tiene educación científica, de punta, laica, gratuita,
no goza de la salud que los poderosos con pies de barro tienen en sus
hospitales privados o clínicas clandestinas para hacer los abortos de las niñas
pobres que embarazaron, ni mefistofélicos planos de salud que enferman. Los
curas y las monjas dicen que somos amados por Dios y escuchamos en nuestro
diario vivir millones de inocentes destrozados por bombas Made In USA o Israel,
sin extremaunción de papas, dalái-lamas, obispos de Canterbury, pastores de
iglesias empresariales mal disfrazas de pentecostales, opus dei, yunque, y
otras cosas innominables. Es decir somos amados y no sabíamos.
La
frase pintada en negro y blanco me dejó triste porque he ocupado mi tiempo en
amar todas las mujeres del universo, terrestres y extraterrestres, montado en
mi satélite dando vuelta en busca de respuestas para mis pasiones legítimas e
ilegítimas sin encontrar los adjetivos que necesito grabar en mi historia. Mis
amores han sido sal en agua de océano y de ellos he recibido tormentas
tropicales de besos matrimoniales, más como las Golondrinas de Bécquer: besan y se van…y no vuelven nunca más (porque aprendieron el vacio
sufrido de una realidad apenas imaginada, como los marineros de Neruda).
Quien
escribió debe haber sido un borracho lleno de soledad; un joven envejecido por
la droga de vida que lleva en este monasterio capitalista medio neoliberal; tal
vez un viejo cansado de perseguir sus años pasados enriqueciendo a esa minoría
bastarda que come, bebe, hace sexo sin amor con dinero ajeno; bien puede que un
hermano masón, arrepentido de sus pecados de indiferencia o de hipocresía
estampó su confesión en ese muro. Más de una cosa se puede estar cierta: no fue
ni un cura, obispo, cardenal, pastor, religiosa pues ellos apenas se aman y no
aman a quienes gustamos de pecar para ser personados por el otro Dios, bien
diferente al de ellos.
Bonita
frase. Que voy a dedicarla para quienes amo con todo el volumen de mi sangre
espiritual y material. Por eso este artículo es corto y feo.
Quería
salir como Colón a buscar el camino
de las Indias, no para colonizar, matar, usurpar en nombre de un dios europeo o
de un rey sifilítico, sino para conocer mujeres de piel morena como los atarderes
en el motel de la vida, para ver senos abiertos repartiendo leche a los
hambrientos, vientres llenos de esperanzas por nacer, poesías escritas en
noches de amores físicos y emocionales, cantos de grillos de otros sonidos
geográficos, madres enseñando el Sermón de la Montaña que los religiosos
olvidaron y también los que pusieron su mano derecha sobre el Libro Sagrado y
volvieron las espaldas a la Libertad, Igualdad en la más gratuita Fraternidad.
Pero
voy a quedar anclado en esta playa esperando la barca de Ulises que me lleve a esa isla donde las sirenas cantan para
hacernos naufragar. Quiero naufragar, porque estoy cansado de buscar el Vellocino
de Oro en el mercado de las pulgas de esta sociedad derrotada.
Pablo Ballesteros –El Exiliado Eterno