Es una perfecta y voluminosa barbaridad lo que sucede en el incompleto manicomio de la sociedad que, sin la más mínima verguenza, declara al mundo entero que la democracia existe, como si nosotros los más imbéciles mortales no tuvieramos ojos para ver, oidos para escuchar y tacto para sentir que las escuelas gimen en solidariedad con los maestros públicos, los que mueren abrazados a sus miserables salarios y comandados por inutiles administradores que de Educación no entienden papa. Los enfermos son torturados sin misericordia por esas infernales creaciones que ni el mismísimo diablo en persona se le habría ocurrido inventar para "infernizar" la vida de los mortales: me refiero a los escandalosos y delincuentes Planos de Salud Empresarial que mata más enfermos de los que salva, que deja a los médicos amarrados como esclavos a los caprichos de los dueños de hospitales y de accionistas que disfrazan sus escandalosos negocios en hipocritas cooperativas (lo peor es que los mismos médicos no se dan cuenta de su triste situación de funcionarios de tercera categoria y sudan tratando de ingresar como cooperados), frente a los moribundos apiñados en los sucios corredores atendidos por auxiliares tristes y amargadas también por el sueldo enano por un trabajo de gigante. La seguridad es un chiste de prostíbulo. Si sales a la calle te asaltan y matan para robarte un par de tenis o tus cuatro pesos que llevas en el bolsillo; si no colocas rejas y trancas en ventanas y puertas puedes estar cierto que los bandidos van a entrar te van a robar lo poco que tienes y si están drogados o te van a matar como quien mata un conejo. Los políticos se transformaron, en esa democracia que no existe, en profesionales que dejan sus privilegios, mal ganados, como herencias perpetuas para sus hijos. Ganan cien veces más que los pobres que salen de sus casas a las seis de la mañana para volver a las ocho de la noche y que ni conocen más sus hijos, nietos, mujeres ni amantes: no hay tiempo para vivir, sólo para morir. Los ricos, en esta democracia del dinero, se hacen más ricos y poderosos; administran con la misma desenvoltura un banco y el negocio de la prostitución y las drogas o el contrabando de armas. Los pobres son dranonianamente convencidos que viven en libertad y le quitan hasta el derecho de fumar argumentando, por los medios de comunicación de masa de los dueños de la verdad, que se gasta mucho en cáncer de los pulmones y hay que ahorrar para gastar en el tratamiento (que no existe) de los viejitos que dejaron sus vidas en beneficio de las Patrias que nada les agradece o de los niños que deben quedar presos en creches para que sus madres continuen amasando dinero para los gerentes y empresarios de la miseria global. Los políticos profesionales, analfabetos de toda moral y etica, se matan tratando de convencer que son los salvadores de la Patria y que necesitan de tu voto para que puedan educar sus hijos, nietos y mantener sus esposas y concubinas. Tu no importa, siempre fuistes pobre diablo, continuas siendo y lo serás para siempre porque Dios así lo quiere (segundo Ratzinger y Cia.). Mientras tanto en Somalia, Guinea, Afganistán, Irac, en las favelas y poblaciones callampas del mundo industrializado, emergente y miserable la gente es obligada a vacunarse contra enfermedades inventadas en los laboratorios del Primer o Segundo Mundo. Los Obamas de la vida, los Brown, Lulas, Merker y otros payasos venden armas a los guerrilleros por el mismo precio que le venden a los gobiernos que las combaten y la ecología es un cuento de la Bella Durmiente o la pobre Rapuncel presa en las Naciones Unidas, OMC, OEA, UNICEF,UNESCO, FAO y otros circos inventados para globalizar lo que ya está super globalizado. Somos mártires de nosotros mismos. Más en algún milenio terminará este Calvario y podremos entonces construir una Democracia donde los hombres seamos respetados Seres Humanos y los animales, protegidos como animales de los bárbaros que dicen que gobiernan en nuestros invisibles beneficios.
Prof. Pablo Ballesteros, en un día de rabia.