VIDA CORTA A LOS TORTURADORES
En todo hombre existe un Quintín
El Aventurero algunos, recogidos
en sus santuarios, solitarios y olvidados; anónimas sombras arropadas en húmeda
vanidad, pensando que escribo con amargura y rencor. Vana acusación: antes de
nacer ya era romántico viajero por los universos del alma, espacios
desconocidos de quienes no tienen imaginación.
Durante la estación de lluvias y
sus hijos los fríos quedo colgado de los senos de las nubes esperando que la
primavera vista de nuevo su cuerpo desnudo con rosas bien rojas y amapolas coloradas
que cubran su soñada y poética pelvis ¿Puede un hombre así, ser un pesimista
amargado y solitario?
Las noches invernales son mi
almohada para soñar en tiempos de calor humano. Aprovecho las escarchas dejadas
por las hienas del opus dei para sembrar risas, poemas y besos en vientres
perfumados de tantas hembras victimas del satánico odio de aquellos que jamás
fueron amados ni menos respetados por sus fetos e hijos. Entonces, apenas hago
lo que Miguel de Cervantes Saavedra hizo
desde la cárcel: escribir mi propio Quijote Sin Mancha.
Pido perdón por no perdonar carrascos que se bañaron en la sangre de miles
de héroes rebeldes que no se hincaron delante de ese dios con pie de barro,
tirano traidor, perjuro y hermafrodita moral aún renegado en la loca geografía
de mi Patria (aún prisionera de la sífilis nazista-fascista-franquista).
Cuando se tiene el coraje de escribir sin miedo de volver a sufrir
torturas y exilios, es porque se es muy hombre, muy mujer o muy decidido a ser
intolerante con toda absurda intolerancia propia de Sanchos Panzas pos-modernos,
teleguiados como títeres sin alma desde las cuevas donde se esconden generales
maricones, con miedo de la fuerza idealista de poetas, cantores de cabaret,
danzarinas desnudas en la larga playa de mi Chile que grita por libertad de
verdad.
En la vida revolucionaria del que quiere ver salir el sol de la libertad
por la ventana del cielo hay un gitano, un indio, un panadero, un campesino,
una lechera, una madre cantando besos en los cuerpos de sus amantes e hijos asesinados
por la maldad aristocrática de atrasados y putrefactos homus non erectus.
Escribir con desprecio a esos
uniformados de fanatismo, huérfanos de independencia moral es virtud que el
Criador de Universos conocidos y desconocidos da a quienes son amantes
espirituales y corporales de la Igualdad.
No escribir la historia de la maldad es mentirse, despreciarse y
anonimarse. Permitir que torturadores y asesinos de las Ideologías Progresistas
ocupen el espacio social que corresponde a quienes construyen futuros de paz es pecado sin perdón.
Sabemos que los paraísos están adornados de revolucionarios, como aquel Hijo
del Carpintero de Nazaret, de Espartaco crucificado a lo largo y ancho de la Vía
Apia junto a miles de esclavos rebelados; otros quemados por descubrir que
giramos en torno al sol; que las aguas del mar no caen en precipicios
infernales; de miles de hombres bien hombres que quisieron una América Libre de
coronados parásitas; de intelectuales que trabajaron a la luz de los días por
Educación Laica, Gratuita y Humanista; de socialistas que jamás torturaron fascista;
de masones que entendieron que ser Libre y de Buenas Costumbres es ser
contrario a la esclavitud de los mercados. Allí desde el Gran Taller Celestial nuestros
hermanos observan y nos esperan para nos punir o premiarnos.
No llenamos nuestros rostros con ríos de lágrimas, pues estas se
transformaron en perlas cuando éramos torturados y en puñales que atravesaron y
atravesarán las conciencias (si las tienen) de quienes crearon el dolor y la
muerte y de quienes teniendo en sus
manos los instrumentos para borrar las injusticias fratricidas, las mantuvieron
y aún perfeccionaron.
Prometí denunciar la tortura, el fanatismo enfermizo de los dogmáticos
de turno hasta el día final de mis días. Más con optimismo, con ese mismo
optimismo que Allende prometió segundos antes del martirio: por las largas avenidas de la Patria
desfilarán los nuevos hombres que construirán la Libertad, la Igualdad y la
Fraternidad. Los enemigos de estos sueños tienen la palabra que jamás les
será negada…
Pablo Ballesteros