Estaba escribiendo mis emociones recién nacidas cuando un dedo rebelde o computador diabólico, interrumpió las ideas ya interrumpidas por la santa rabia que borró todo. Mejor así, pues vuelvo a penitenciarme por ser un rebelde anarquista racional.
Quise decir que si el mundo fuese gobernado por los PERROS de eterna, mansa y tierna mirada, que con beatifica lealtad a sus dueños quedan vigilando para que intenciones fratricidas no invadan el alma familiar con las perversidades humanas criadas por este mundo (des)humanizado. No se si algún poeta perdido en utopías escribió que ellos (los PERROS) serian mejor gobernantes que aquellos incrustados en los poderes visibles, protegidos por las eminencias pardas o negras, con carné de racionales y defensores de esta “cosa” llamada democracia (es mi opinión, autorizada desde mi nacimiento). Por ejemplo: si en las Naciones (des)Unidas ocuparan presidencias de tantísimos organismos que no conocemos o que sabemos que no sirven para nada, a no ser dar empleo a expresidentas o presidentes fracasados o perjurios de sus ideologías. Ellos, los PERROS pagarían a las viudas cuyos maridos murieron sin saber porque murieron en esas guerras imbéciles; secarían de los niños las lágrimas que florecen como tomates en las huertas de la sociedad burguesa-capitalista para reemplazar los besos de sus padres enterrados como anónimos funcionarios de empresas y fábricas de armas, sepultados para siempre en campos extranjeros; consolarían las novias que quedaron vírgenes o grávidas de amores frustrados para que vuelvan a entregar sus besos y senos llenos de leche a otros amores; levantarían del suelo los viejos tristes de miradas acuosas para que no continúen de ojos fijos en horizonte perdidos esperando los hijos pródigos del Testamento; las fábricas de pan, chocolates y risas, también danzas y amores verdes, tendrían de vuelta todos los obreros de la alegrías de los casamientos apresurados o postergados, los bautizos y cumpleaños; obligarían que todas las iglesias de las billones de creencias rezem para terminar con muertes inútiles y que los Seres Humanos recuperen la racionalidad perdida en la Hipermodernidad que profetiza Sébastien Charles y vuelvan a descifrar el Sermón del Monte; terminarían con el odio de clase, el fanatismo ultra-religioso o politiquero, a intolerancia de los que dicen tolerantes; el amor tendría un Templo Universal tal como El Grande Arquitecto de Todos los Universos planificó en el tiempo inconocible e infinito; decretarían que las esposas y amantes nos abracen, nos besen con orgasmos celestiales en vez de la criminal sentencia bestial que las condena a morir apedreadas por entregar sus Montes de Venus a la ley porfiada de la naturaleza; en fin, gracias a los PERROS, podríamos dormir si rejas ni alarmas en nuestras camas nupciales y poder enviar nuestros hijos de las manos de sus abuelas a pasear por las avenidas, tan mal cuidadas y peor ornamentadas por alcaldes demasiadamente pagos para no hacer nada, a gozar las cálidas brisas de libertad que nos dan gratuitamente las siempre infantiles estaciones de los años. Creo y estoy convencido que Shopenhauer tenía absoluta razón cuando de tanto observar la conducta de los “hombres” amaba más su PERRO o que Nietzsche lamentaba en Zaratustra que Dios murió en las garras los banqueros constructores de miseria. Más ahí está, como una profecía, el Crepúsculo de los ídolos.
Nuestros únicos hermanos “irracionales” no muerden la mano de quien les da de comer, se acuestan con mansedumbre al lado de nuestros sueños para vigilar que las estrellas de los cielos, y los orgasmos de cuando en cuando, no sean perturbados por aquellos que la sociedad fabricó como marginales, hermanos gemelos de los dueños y directores de transnacionales de armas y de dolores, mas aquellos miserables sin derecho a la vida de verdad.
Una certeza inunda mi existencia efémera y efímera: ellos decretarían el fin de los inviernos y la perpetuidad de las primaveras. Morderían el alma de los que mandan a analfabetos soldados, reclutados en las calles y desempleados por las leyes del mercado y de la bruja globalización eructo del capitalismo ya muerto, elogiado con coronas de hojas también muertas. Un capitalismo que no quiere dejar que su fantasma de crisis se evaporice en la nada. Serian eliminados los jefes de jorobados escritorios que jamás quisieron, ni quieren terminar con las injusticias de escuelas privadas para ricos, potentados, reyes, emperadores, príncipes eternamente desocupados, presidentes marionetas de los hacedores de cadáveres y administradores de todos los dolores humanos, ellos son los magistrados perversos de toda ignorancia. Sin duda que nuestros Hermanos PERROS (según Francisco el Pobre) con sus patas transformadas en manos firmarían el fin de esa salud empresarial, mercenaria que aprisiona en hospitales a médicos jóvenes, impedidos de devolver la salud perdida a tantos que trabajaron para que pocos tengan piscinas en jardines edénicos o monstruosidades palaciegas en playas exclusivas, yates para perseguir los veranos por todo el planeta, acompañados por prostitutas de tantos dólares o euros las noches sin ternura.
Claro que tengo rabia sin odio cuando veo que Willians (El Príncipe Idiota de Dostovieski) se casa con Kate Middleton el 29 de abril de 2011, rodeado de cortesanos que nunca trabajaron ni devolvieron aún las riquezas robadas a sangre fuego y exploración indescriptible del tráfico horroroso de hermosos y pacíficos negros del África tan explorada y sufrida ni del oro robado de minas de Perú, Chile, Venezuela, México, Colombia y otros, tampoco no son condenados por el famoso Tribunal de La Haya por asesinato de millones de indios (según relatos autorizados del Padre Bartolomé Las Casas al rei de España), legítimos dueños de las tierras que Dios les dio, en las Américas que aún sangran por el idiota racismo nacido en el fanatismo religioso y avaricia de mercaderes y fabricantes de llantos. Es un dolor que me llena de anarquismos cuando veo haitianos amontonados como bestias sin vida entre los escombros del primer país libre del Caribe y, tal vez por eso, solamente por eso la Francia y el Mundo, la ONU, la OMS, la FAO y otras zoologías botánicas los condenan a continuar existiendo en la esclavitud de la indeferencia. Ojos de niños huérfanos de esperanza; hembras embarazadas condenadas a parir en las sucias calles de una civilización democrática; pobres harapos de hombres condenados a cárceles por tomar un pan o un poco de agua limpia para sus hijos. Que los viejos mueran por que no continuaron luchado por la libertad que inspiró a sus abuelos, pero para los jóvenes que se abran de par en par las puertas del paraíso pedagógico, sin tener que pagar inmundas mensualidades para que otros estudien las carreras liberales (que dejaron de ser liberales desde los tiempos de la pobre Tatcher, premiada como condesa o duquesa por los reyes que tienen sus rostros cubiertos de sangre). El mundo sangra mientras los Emires eyaculan petróleo y los hijos de los reyes se hincan hipócritamente frente a Tabernáculos en los cuales no creen o no respetan.
Si no sintiera rabia sin odio, seria peor que un PERRO sin alma. Un proyecto de hombre que fracasa en su trabajo por la justicia horizontal y vertical, sin transversalidad.
Más quien soy yo para mudar el mundo si ni Buda, ni Cristo, ni San Francisco (repito El Pobre), menos Santa Teresa de Calcuta o mi amigo y hermano Helder Cámara no pudieron enternecer el corazón de excremento de los que nos gobiernan, desgobernando, desde sus sitiados palacios construidos y pagados con nuestro sudor y gruesas lágrimas.
Como un Neruda puedo explicar también algunas cosas: marginales somos nosotros que volvemos las espaldas a las viudas y huérfanos; somos carrascos verdugos de los Seres Humanos que trajimos del campo para ser ejército de reserva de fábricas urbanas, negándoles el derecho a la existencia hipermoderna y apenas entregándoles un estúpido e intruso celular o una pequeña TV en negro o blanco o una escuela municipal o estadual sin la pré-modernidad. Para lavar nuestra conciencia le instalamos modestos puestos de salud donde médicos, odontólogos, asistentes sociales sin los beneficios que damos a los hospitales de ricos o de las pobres víctimas de dantescos planos de pésimo atendimiento y peor salud.
No soy original en mis lamentaciones. Viviane Forrester en El Horror Económico ya denunció estos crímenes; José Ferrater Mora y Priscila Cohn nos alertaron para la Ética Aplicada del Aborto a la Violencia, que es siempre negada por Papas y puritanos de apariencia; también Cristóbal Caudwel en Una Cultura Moribunda: La Cultura Burguesa nos indicó que no somos el remedio y si la enfermad.
Por eso prefiero mi querida amiga del ama, Daniela, repetirte los versos de Gustavo Adolfo Bécquer: Cuando volvemos las fugaces horas/ del pasado a evocar,/ temblando brilla en sus pestañas negras/una lágrima pronta a resbalar.
Si, confieso mi amor por todos los PERROS de calle y de las casa. Son racionales en el amor, la ternura, la lealtad de que cual muchos de nosotros carecemos. Pues conozco exhermanos que acuchillaron como Brutus a muchos de sus hermanos; que hicieron de la traición y del perjurio (como ese Claudio que nunca hubiera querido conocer clavó su deslealtad en la espalda de mi Hermano Gran Maestro).
Quiero parar de escribir sobre la realidad real, para dedicarme a los versos que llevo en mis labios; poder amar sin corrientes ni prohibiciones de cartorios ni de sacristías; quiero mis sentimientos libres; poder transformarme en jardinero de esperanzas ciertas y verdaderas; poder mirar al cielo y ver en cada estrella millones de mujeres adoradas y regaladas con orquídeas, sin que tenga que recibir celos ni guerras…
No puedo sinterizar lo que tanto abunda, como quisiera. Me falta la inteligencia de los sabios y la ternura de los poetas. Pero me sobra la hidalguía para decir lo que quiero.
Con profundo amor y fraternidad a quienes sufren como yo.
Quise decir que si el mundo fuese gobernado por los PERROS de eterna, mansa y tierna mirada, que con beatifica lealtad a sus dueños quedan vigilando para que intenciones fratricidas no invadan el alma familiar con las perversidades humanas criadas por este mundo (des)humanizado. No se si algún poeta perdido en utopías escribió que ellos (los PERROS) serian mejor gobernantes que aquellos incrustados en los poderes visibles, protegidos por las eminencias pardas o negras, con carné de racionales y defensores de esta “cosa” llamada democracia (es mi opinión, autorizada desde mi nacimiento). Por ejemplo: si en las Naciones (des)Unidas ocuparan presidencias de tantísimos organismos que no conocemos o que sabemos que no sirven para nada, a no ser dar empleo a expresidentas o presidentes fracasados o perjurios de sus ideologías. Ellos, los PERROS pagarían a las viudas cuyos maridos murieron sin saber porque murieron en esas guerras imbéciles; secarían de los niños las lágrimas que florecen como tomates en las huertas de la sociedad burguesa-capitalista para reemplazar los besos de sus padres enterrados como anónimos funcionarios de empresas y fábricas de armas, sepultados para siempre en campos extranjeros; consolarían las novias que quedaron vírgenes o grávidas de amores frustrados para que vuelvan a entregar sus besos y senos llenos de leche a otros amores; levantarían del suelo los viejos tristes de miradas acuosas para que no continúen de ojos fijos en horizonte perdidos esperando los hijos pródigos del Testamento; las fábricas de pan, chocolates y risas, también danzas y amores verdes, tendrían de vuelta todos los obreros de la alegrías de los casamientos apresurados o postergados, los bautizos y cumpleaños; obligarían que todas las iglesias de las billones de creencias rezem para terminar con muertes inútiles y que los Seres Humanos recuperen la racionalidad perdida en la Hipermodernidad que profetiza Sébastien Charles y vuelvan a descifrar el Sermón del Monte; terminarían con el odio de clase, el fanatismo ultra-religioso o politiquero, a intolerancia de los que dicen tolerantes; el amor tendría un Templo Universal tal como El Grande Arquitecto de Todos los Universos planificó en el tiempo inconocible e infinito; decretarían que las esposas y amantes nos abracen, nos besen con orgasmos celestiales en vez de la criminal sentencia bestial que las condena a morir apedreadas por entregar sus Montes de Venus a la ley porfiada de la naturaleza; en fin, gracias a los PERROS, podríamos dormir si rejas ni alarmas en nuestras camas nupciales y poder enviar nuestros hijos de las manos de sus abuelas a pasear por las avenidas, tan mal cuidadas y peor ornamentadas por alcaldes demasiadamente pagos para no hacer nada, a gozar las cálidas brisas de libertad que nos dan gratuitamente las siempre infantiles estaciones de los años. Creo y estoy convencido que Shopenhauer tenía absoluta razón cuando de tanto observar la conducta de los “hombres” amaba más su PERRO o que Nietzsche lamentaba en Zaratustra que Dios murió en las garras los banqueros constructores de miseria. Más ahí está, como una profecía, el Crepúsculo de los ídolos.
Nuestros únicos hermanos “irracionales” no muerden la mano de quien les da de comer, se acuestan con mansedumbre al lado de nuestros sueños para vigilar que las estrellas de los cielos, y los orgasmos de cuando en cuando, no sean perturbados por aquellos que la sociedad fabricó como marginales, hermanos gemelos de los dueños y directores de transnacionales de armas y de dolores, mas aquellos miserables sin derecho a la vida de verdad.
Una certeza inunda mi existencia efémera y efímera: ellos decretarían el fin de los inviernos y la perpetuidad de las primaveras. Morderían el alma de los que mandan a analfabetos soldados, reclutados en las calles y desempleados por las leyes del mercado y de la bruja globalización eructo del capitalismo ya muerto, elogiado con coronas de hojas también muertas. Un capitalismo que no quiere dejar que su fantasma de crisis se evaporice en la nada. Serian eliminados los jefes de jorobados escritorios que jamás quisieron, ni quieren terminar con las injusticias de escuelas privadas para ricos, potentados, reyes, emperadores, príncipes eternamente desocupados, presidentes marionetas de los hacedores de cadáveres y administradores de todos los dolores humanos, ellos son los magistrados perversos de toda ignorancia. Sin duda que nuestros Hermanos PERROS (según Francisco el Pobre) con sus patas transformadas en manos firmarían el fin de esa salud empresarial, mercenaria que aprisiona en hospitales a médicos jóvenes, impedidos de devolver la salud perdida a tantos que trabajaron para que pocos tengan piscinas en jardines edénicos o monstruosidades palaciegas en playas exclusivas, yates para perseguir los veranos por todo el planeta, acompañados por prostitutas de tantos dólares o euros las noches sin ternura.
Claro que tengo rabia sin odio cuando veo que Willians (El Príncipe Idiota de Dostovieski) se casa con Kate Middleton el 29 de abril de 2011, rodeado de cortesanos que nunca trabajaron ni devolvieron aún las riquezas robadas a sangre fuego y exploración indescriptible del tráfico horroroso de hermosos y pacíficos negros del África tan explorada y sufrida ni del oro robado de minas de Perú, Chile, Venezuela, México, Colombia y otros, tampoco no son condenados por el famoso Tribunal de La Haya por asesinato de millones de indios (según relatos autorizados del Padre Bartolomé Las Casas al rei de España), legítimos dueños de las tierras que Dios les dio, en las Américas que aún sangran por el idiota racismo nacido en el fanatismo religioso y avaricia de mercaderes y fabricantes de llantos. Es un dolor que me llena de anarquismos cuando veo haitianos amontonados como bestias sin vida entre los escombros del primer país libre del Caribe y, tal vez por eso, solamente por eso la Francia y el Mundo, la ONU, la OMS, la FAO y otras zoologías botánicas los condenan a continuar existiendo en la esclavitud de la indeferencia. Ojos de niños huérfanos de esperanza; hembras embarazadas condenadas a parir en las sucias calles de una civilización democrática; pobres harapos de hombres condenados a cárceles por tomar un pan o un poco de agua limpia para sus hijos. Que los viejos mueran por que no continuaron luchado por la libertad que inspiró a sus abuelos, pero para los jóvenes que se abran de par en par las puertas del paraíso pedagógico, sin tener que pagar inmundas mensualidades para que otros estudien las carreras liberales (que dejaron de ser liberales desde los tiempos de la pobre Tatcher, premiada como condesa o duquesa por los reyes que tienen sus rostros cubiertos de sangre). El mundo sangra mientras los Emires eyaculan petróleo y los hijos de los reyes se hincan hipócritamente frente a Tabernáculos en los cuales no creen o no respetan.
Si no sintiera rabia sin odio, seria peor que un PERRO sin alma. Un proyecto de hombre que fracasa en su trabajo por la justicia horizontal y vertical, sin transversalidad.
Más quien soy yo para mudar el mundo si ni Buda, ni Cristo, ni San Francisco (repito El Pobre), menos Santa Teresa de Calcuta o mi amigo y hermano Helder Cámara no pudieron enternecer el corazón de excremento de los que nos gobiernan, desgobernando, desde sus sitiados palacios construidos y pagados con nuestro sudor y gruesas lágrimas.
Como un Neruda puedo explicar también algunas cosas: marginales somos nosotros que volvemos las espaldas a las viudas y huérfanos; somos carrascos verdugos de los Seres Humanos que trajimos del campo para ser ejército de reserva de fábricas urbanas, negándoles el derecho a la existencia hipermoderna y apenas entregándoles un estúpido e intruso celular o una pequeña TV en negro o blanco o una escuela municipal o estadual sin la pré-modernidad. Para lavar nuestra conciencia le instalamos modestos puestos de salud donde médicos, odontólogos, asistentes sociales sin los beneficios que damos a los hospitales de ricos o de las pobres víctimas de dantescos planos de pésimo atendimiento y peor salud.
No soy original en mis lamentaciones. Viviane Forrester en El Horror Económico ya denunció estos crímenes; José Ferrater Mora y Priscila Cohn nos alertaron para la Ética Aplicada del Aborto a la Violencia, que es siempre negada por Papas y puritanos de apariencia; también Cristóbal Caudwel en Una Cultura Moribunda: La Cultura Burguesa nos indicó que no somos el remedio y si la enfermad.
Por eso prefiero mi querida amiga del ama, Daniela, repetirte los versos de Gustavo Adolfo Bécquer: Cuando volvemos las fugaces horas/ del pasado a evocar,/ temblando brilla en sus pestañas negras/una lágrima pronta a resbalar.
Si, confieso mi amor por todos los PERROS de calle y de las casa. Son racionales en el amor, la ternura, la lealtad de que cual muchos de nosotros carecemos. Pues conozco exhermanos que acuchillaron como Brutus a muchos de sus hermanos; que hicieron de la traición y del perjurio (como ese Claudio que nunca hubiera querido conocer clavó su deslealtad en la espalda de mi Hermano Gran Maestro).
Quiero parar de escribir sobre la realidad real, para dedicarme a los versos que llevo en mis labios; poder amar sin corrientes ni prohibiciones de cartorios ni de sacristías; quiero mis sentimientos libres; poder transformarme en jardinero de esperanzas ciertas y verdaderas; poder mirar al cielo y ver en cada estrella millones de mujeres adoradas y regaladas con orquídeas, sin que tenga que recibir celos ni guerras…
No puedo sinterizar lo que tanto abunda, como quisiera. Me falta la inteligencia de los sabios y la ternura de los poetas. Pero me sobra la hidalguía para decir lo que quiero.
Con profundo amor y fraternidad a quienes sufren como yo.