QUIEN DEBE CONSTRUIR LA HISTORIA?
(Sólo para soñadores y enamorados)
Fritjof Capra, uno de los más claros pensadores, físico y teórico de sistemas piensa que debemos repensar la vida en su complejidad, analizando las estructuras conceptuales de la inmensa dimensión biológica, cognitiva y social. Pero cómo hacerlo si no nos dan las herramientas de análise ni nuestras Autoridades no nos permiten discutir los fenómenos políticos y religiosos, como si fueran tabú que en vez de dar cultura para unir nos darían elementos para matarnos. Instituciones clásicas tradicionales han renunciado a reflexionar sobre el futuro y han anclado en la historia, en la simple especulación, sin criticar los hechos globales y locales. Poéticamente, ya que la historia, según Italo Mereu no es confiable y grande mayoría de nuestros semejantes (o parecidos) no aceptan ni toleran esta realidad de claras y públicas injusticias que nos son bombardeadas desde la TV. Diarios y revistas parece que comunidades enteras quedaron mudas, prácticamente prisioneras de un hacer político vacío, manejado por demagogia y ambiciones de grupos y de personas. Impresiona como las viejas y adultas generaciones se divorciaron del futuro de sus hijos y nietos quedando indiferentes, patológicamente, frente a la miseria de la educación cruelmente dividida en vasos sin comunicación. Importa más la presencia en campos de fútbol, en la alienación del consumismo, en la práctica sudada del erotismo cinematográfico que denunciar a quienes hacen de la vida y de la muerte su negocio. Algún virus o bacteria desconocida, más vivida, hizo que la verdad se transformara en mentira y ésta en verdad. Papas, cardenales, obispos, padres, de todas las fes y religiones que adornan los espíritus, grandes maestros y poderosos soberanos callan y no escuchan los ruidos que hacen los cadáveres producidos por las incomprensibles invasiones de ejércitos ajenos a los países que tienen miles de años de usos y costumbres legítimamente diferentes a las nuestras (occidentales). Una frazada de silencio y un susurro de conspiración y aceptación llenan los bolsillos de los políticos de izquierda y derecha (los del centro no cuentan por ser individuos eunucos de filosofías). Ayer vinieron y fueron para allá de nuestras fronteras, hombres de latas con espadas, pólvora y catecismos a diseminar los dueños de las tierras morenas, después corsarios con patentes dadas por reyes hemofílicos o sifilíticos, también sus primos piratas bombardearon nuestros puertos pacíficos; más tarde nuestros hermanos africanos fueron confundidos por animales y vendidos por beatos cristianos como burros de carga y de reproducción. Nada dijeron, ni un Padrenuestro, durante la matanza de vietnamitas contra vietnamitas, entrenados por marines y bandidos de la Legión Extranjera. Silencio ante el fratricidio de coreanos contra coreanos, también entrenados por USA. Un poco más tarde los desiertos del Oriente Medio se tiñeron de rojo con sangre de niños y mujeres preñadas, porque Cheney, Bush y otros gangster ambicionaban el petróleo. Nadie puede explicar el por qué la tecnología bélica de punta es usada en Afganistán contra pobres familias montadas en camellos y la CIA, el FBI, MI5 y el MOSARD no encontran al invisible Osana Bin Laden, mas no tuvieron trabajo en capturar, mal juzgar y enforcar de prisa a Saldan Hussein. Hoy les molesta Ghadafi, ayer compañero de farras y en las “danzas de los vientres”. Simplemente no quieren leer a Albert Hourani que en su Historia de los Árabes dice que ellos son más civilizados que los vegetales de Wall Street, que los vagabundos bohemios de los Champs Eliseo que los turistas eternos que pasan por la Puerta de Branderburgo. Son más puros que los puristas ingleses, aquellos de coitos interrumpidos y monarcas adúlteros; los árabes tienen mas ternuras que esos soldados nórdicos, hoy vergüenza de los vikingos. La clase política y sacerdotal no entiende a Thomas L. Friedman cuando denuncia la globalización desglobalizada como siendo la substituta prostituida de la Guerra Fría. Algo sucede, pues nuestras retinas emocionales se transformaron en puertas ciegas; en los Templos ya no se habla más de amores legales o dulcemente clandestinos; los educadores de las catedrales universitarias mordieron sus lenguas y hablan con señales que el futuro no entiende; los HH, con mayúsculas se transfiguraron en hh con minúsculas y no se abrazan más en las cinturas de la justicia o caminan con los valores invertidos hacia la muerte eterna, sin resurrección.
¡Ah! Es por eso que la juventud no nos respeta. Nuestros alumnos nos evitan en las calles. Nuestras mujeres no quieren hacer amor con monstruos en que nos convertimos, ni quieren más saber de la sombra de pecados cometidos cuando éramos jóvenes y burlábamos la vigilancia de las tías viejas.
Ni nosotros mismos nos conocemos. La post modernidad nos lanzó a la edad de las piedras donde pasamos mirando las sombras platónicas mientras los lobos del libre mercado nos comen el alma.
Será que un día despertaremos y podremos mirar y besar los rostros de los hijos que duermen en la esperanza de que sus viejos estén construyendo un mundo mejor para sus nietos.
Es claro que gustaría de escribir de poesías alumbrando la miseria de los indios, campesinos, profesores explotados, médicos comprados por los laboratorios y de falsas pesquisas; claro que gustaría de rodear con mis brazos de gigante la cintura fina de la mujer amada y salir danzando sobre las aguas de los amores carnales. Más, siempre existe un más: tengo tanta tristeza en mis labios que me impiden besar el optimismo. Amén
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