sexta-feira, 5 de novembro de 2010

OTOÑO ESTACION DEL AMOR

Tengo un amigo, casi hermano, que me llama de antiguo y un hijo que cuenta a sus amigos las historias de su viejo (que soy yo). Pienso que ambos tienen una monjil envidia carmelita de mis experiencias territoriales por los ríos femeninos en los cuales navegué como un mal intencionado pirata sexual. Tal vez, saben que ellos jamás podrán besar, como el vino de cada día, aquellos inmensos y misteriosos labios que aún tengo dibujados en mis intimidades y que no consigo (ni quiero) borrar con otros amores tan clandestinos y bellos, como sólo los puede vivir hoy día un antiguo o viejo como yo.
Aquellos jóvenes atletas del tiempo no tienen idea del porque un antiguo y viejo (como yo) puede amar al otoño más que la primavera: Es el único tiempo – anual que tiene licencia del Arquitecto de los Universos para desnudarse en público y privado, quedar con sus maderas desiertas esperando que vengan las viejas golondrinas de sus ramas “sus nidos a colgar” y a contar las infidencias que en otros jardines los amantes se aman sin amarrarse jamás.
Esos dos seres, amigo e hijo, que alumbran las edades de mis noches jamás imaginarán que soy, fui y seré como “marineros que besan y se van/ que en cada puerto una mujer los espera”, y así como ellos, ebrios de sal y deseos embarcados como condenados apenas besan y se van.
No quiero que las estrellas pierdan su blanca virginidad por la sinverguenzura de mi sexual confesión, como no quiero que sepan quien es mi nueva paloma de paz que bendice mi guerra otoñal.
Pensando en mis pecados Lin-Yu-Tang (Un Momento en Pekín) les contó a sus lectores que “en la juventud, la belleza es un accidente de la naturaleza y en la vejez es una obra de arte”, es decir, dejar deslizar por las laderas de la imaginación una pasión imaginaria es una arte apenas practicada por quienes recibieron diploma de amante en la universidad de la vida. Antiguo y viejo, como los años me crearon, autorizan mis ojos para gritar en silencio que la “imperfección del género humano” como confiesa Saramago no es de hoy, sino que histórica (Ensayo de la Lucidez) y que este defecto del alma hace de la pasión masculina una virtud femenina.
Preciso explicar que para poder soportar la lluvia de mediocridades que caracterizan la Creación bíblica, con sus mares de mentiras y amores truncados o aún no nacidos; para poder caminar por las calles de la hipocresía sin ensuciarse, es necesario forrarse de esos amores imaginarios, cuando ella (la Bella) no tiene idea que es amada en el convento caprichoso de mi imaginación.
Antiguo o viejo, voy a esperar al anciano verano con sus faldas cortísimas que me hacen sudar y sus floridos sostenes que esconden los más maravillosos montes jupiterianos que un Ser mortal pudiera haber besado. Ellos, mi amigo y mi hijo, jamás van a sospechar que detrás de mis años se esconde un joven saturados de amores y hambriento de otros más invernales que los vividos, porfiadamente inocente de la carga de años que llevo en los bolsillos, lejos del corazón…

Nenhum comentário:

Postar um comentário