Por allá, en los años 60-70, teníamos ganada la elección para Presidente de la República, con Salvador Allende. Las fuerzas populares y progresistas se habían unido en la Unidad Popular con Proyecto de Nacionalización de nuestras riquezas básicas, reforma substantiva de la Educación y respeto de status y salarial para profesores, ingreso democrático as carreras universitarias, industriales y técnicas; universalización popular y geográfica de la salud, dotándola de todos los elementos e instrumentos técnicos y científicos de punta; eliminación del resto de analfabetismo en las áreas rurales; democratización del papel de las fuerzas del orden, cambiando su papel represivo por preventivo de la delincuencia, en general. Especialmente tanto Salvador Allende como los partidos políticos (Partido Radical, Socialista, Comunistas, Democrático, Grupos Organizados de Cristianos, Sindicatos, Gremios, pobladores, etc.) tenían como meta ampliar el comercio con todos los países del planeta, sin excepción ninguna. Entre otros proyectos estaba la modernización de las fuerzas armadas y la tomada de relaciones con los países excluidos hasta ese entonces. Era un Programa Popular amplio, sin excluir ningún segmento social, político ni religioso. Tal vez era la primera vez, después del triunfo del profesor radical y masón don Pedro Aguirre Cerda, en 1939, que Chile asomaba su cabeza de nieve y mar en el concierto de naciones emergentes con propuestas sustentables, ampliamente democráticas y de gran amplitud libertaria. Chile se merecía cambiar su cuerpo social, dejar atrás el ultra-conservadorismo en las relaciones sociales, culturales y económicas; terminar con el sectarismo de determinadas fuerzas dogmáticas, fanáticas sembradoras del miedo con campañas absurdas y mentirosas de que los izquierdistas “violarían las santas monjas, comerían niños o los enviarían para la Unión Soviética…”, entre otras payasadas, propias de los dueños de los medios de comunicación, curas de extrema derecha, ricazos dueños de haciendas y latifundios, como de industrias y empresas comprometidas con el capital norteamericano y otros mega- bancarios y multinacionales. La derecha y sus concientes e inconcientes seguidores estaban con un miedo aterrador de perder sus privilegios y ver como “la chusma” (así llamaban al pueblo trabajador, funcionarios públicos y privados, como a todos los campesinos, pescadores, mineros, artesanos, comerciantes de barrios, evangélicos, etc. Había que dar una respuesta rápida. Los Estados Unidos, enlazados en una guerra sucia y fría aportó con dineros, agentes de la CIA disfrazados de Cuerpos de la Paz (¿), Mormones, a través de la ITT y de militares especialmente preparados en los campos de entrenamiento de anti-guerrilla de Panamá, Texas y West Point, grupos ultra-conservadores de congregaciones y ordenes religiosas buscaron hasta encontrar un pobre cura, marginado de sus votos sagrados, declaradamente ignorante y apátrida en un folclórico pueblo llamado Catapilco. Pronto, lo lanzaron como candidato callampa para la Presidencia. No tenía la más remota posibilidad de ganar, pero la absoluta convicción de tirar votos de la Unidad Popular, especialmente de pequeños sectores despolitizados y miedosos del triunfo de la izquierda. Exactamente, íbamos a ganar por un margen de 30 mil votos y perdimos las elecciones por esa misma cifra.
Cómo es inteligente y perversa la derecha económica, aristocrática, sectaria, fanática de sus centenarios e injustos privilegios! Cómo consigue engañar a incautos e ingenuos Que se confiesan NO-POLITICOS.
A lo mejor esa receta serviría para otras elecciones en otros países ya que había dado cierto en Chile, un país que se caracterizaba por ser el mas politizado del continente. Cómo no iba servir en otros con partidos desorientados, desprestigiados delante de la opinión pública, con una porción considerable de políticos profesionales y otros acusados de corrupción?
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