quinta-feira, 7 de outubro de 2010

COMO ES CRUEL LA MALA MEMORIA!

Se puede escribir sobre cualquier cosa que tenga que ver con la conducta humana. Es fácil narrar una parte del complexo pensamiento humano. Es decir, se puede mentir y al mismo tiempo estar hablando la verdad. Tal vez se diga murmurando que se ama y por otro lado estar odiando. Mas, no se puede olvidar que somos una pluralidad tan singular que teóricamente es difícil entender la conducta y el pensamiento humano. Esta encrucijada no tiene explicación, pues quien miente goza de credibilidad y quien apuesta en la verdad es condenado a la soledad de su verdad. Pero, de donde él sacó su verdad? Es difícil explicar gramaticalmente, tal vez se pueda como cuento mítico o discurso sofista.
Una vez, en un rincón florestal del planeta, los dueños de las armas teniendo miedo de los dueños de las ideas, se tomaron los poderes y decretaron la oscuridad. Los que hacían de sus días un sueño utópico, como ese de Cristo de que todos eramos hermanos, tuvieron que buscar refugio contra la lluvia de torturas y asesinatos sumarios, en otra geografía. Allí encontraron el pan y el vino de la solidaridad, la cama de la libertad y cuando andaban desocupados por las calles estrelladas de nieve y sol, recibían en cada esquina el abrazo de la igualdad. En ese pedazo de tierra de agua azul y aire blanco, todos eran del mismo color nacional. Los recién llegados, arañado y con hambre pudieron volver gordos y alfabetizados al vientre que los parió. Salieron enanos y volvieron gigantes. La sal del océano, el frío de los inviernos verdes les secó las lágrimas, les sanó las heridas y el montón de estrellas del cielo ajeno les dió esperanzas de una vida futura llena de hijos y nietos. Así, los que salieron desnudos volvieron vestidos de héroes y este título los llevó a los poderes tradicionales de la madrastra democracia.
Como el mundo da vueltas en su misma imperfección terrena, llenando los vacíos de injusticias y las cárceles de inocentes y las calles de vagabundos y políticos de profesión, ese país que fue una madre para aquellos desalojados de sus camas nupciales, por capricho de los gordos administradores de la miseria, sufrió el ataque gratuito de las armas y millares de poetas y cantores murieron cargados de plomo en sus cuerpos. Algunos condenados al claustro de campos de prisioneros y otros a mimetizarse como clandestinos en las propias hojas de sus Biblias, por fin pudieron huir hacia la tierra de aquellos que un día fueron sus refugiados, más no en busca del pagamiento ni del vuelto que un día dieron con amor, sino en la dolorosa esperanza de encontrar fuerzas en la belleza de la gratitud para volver, algún día a los brazos de las mujeres tardíamente amadas o de los hijos ya transformados en padres. No fue así. Estos últimos samaritanos quedaron abandonados y lo que ayer se decían sus hermanos continentales dijeron, con su silencio, que nos los conocían. Todo se había transformado químicamente: os soñadores del pasado eran los materialistas de mala memoria, amigos gemelos de los mismos que los habían expulsado y condenados a la miseria.
Esto no es un cuento, es parte de la realidad caprichosa de los hombres que confunden las sombras de la historia con el cuerpo herético de la ingratitud.

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