Por más que me exija ser tolerante, es un suplicio cuando se tienen ojos para ver, oídos para escuchar y, desgraciadamente por no ser de esta generosa tierra, una mordaza en los dientes. Así como Neruda, el poeta con inmensidad cordillerana y estatura oceánica, puedo pedirme copiar los gemidos de dolor de quien vió destruidas las vidas de los otros, aún mas cuando se tienen amputadas las manos para la política partidaria, para expresar ideas e ideologías con se nutrió mi juventud rebelde y de volumen de un arco iris. Aún más, en mi espíritu viven los fantasmas transparentes del poeta español de los siglos de oro, Jorge Manrique, que revoleteando cuales pelícanos en los mares de mi carne y que resume toda la violenta geografía de lluvias y truenos de mi Patria, que le gritan sus versos, desde mis sábanas blancas de sangre, a los dictadores, a sus gemelos negros de fusiles y torturas, a sus sucias amantes sin flores ni aromas ni colores y a sus fetos que jamás deberán nacer en tierra de mujeres femeninas y de hombres con hormonas fraternales en sus huesos. Por eso recuerdo con orgasmos cerebrales la maldición que lancé a mis torturadores comprados a tantos pesos su maldad: “Los muertos que vos matasteis/ gozan de buena salud”.
Pero mi rabia justa y perfecta, como un Padre Nuestro, me obliga a recitar, para calmar las ganas de cobrar los dolores sufridos y hacer pagar en todos los Purgatorios construidos en el Más Allá y en el Más Acá, este exilio tan antártico y ecuatorial a esos que nacieron humanos y los 13 denarios Made in USA y los odios aristocráticos contra los pobres “constructores de las riquezas de unos pocos”, esa patológica egolatría fanática y religiosa que los transformó en víboras que las mismas víboras no aceptan, ni aceptarán, en sus nichos subterráneos. Gracias al brillo de todas las estrellas que un día visitaré en compañía del Creador no me dejaré infectar con las pestes mortíferas de los opus dei y de sus sacristanes escondidos como hombres-femeninos o hembras-masculinas en grupos que gozan cuando los niños lloran de hambre, que ríen cuando los hospitales les da patadas a los enfermos pobres y los mandan a morir pudriéndose en las piedras de las calles porque no tienen como pagar la sífilis que representan los Planos de Salud, inventados en los manicomios de los empresarios de la Parca.
Fracasaron los monstruos, como se transformarán en estatuas de sal todos los demonios transvertidos de santurrones que les niega a la juventud el derecho divino de ser rebeldes como un Jesús expulsando los mercaderes que usaban los templos para sus catabolismos intestinales. Jamás, gobierno alguno ni batallones policías de choque con sus imbéciles chorros de agua sucia o bombitas de gases lacrimógenos, podrán extirpar la semilla que los mapuches heroicos, dueños legítimos y naturales de todas las tierras morenas de esta parte de las Américas que enviaron, en sus tiempos de selva y libertad a los colonizadores para los Quintos Infiernos, más los cuales volvieron disfrazados de misioneros de un Evangelio en el cual jamás creyeron ni creerán.
Primavera tras primavera florecerán las rebeliones en los patios escolares o en las salas universitarias contra las injusticias y contra todas las educaciones analfabetas administradas por los hipócritas empresarios de las pedagogías de la nada.
Pero, y hay muchos peros, engendrándose en mis carnes, ese pedazo de poema de Neruda me vuelve de nuevo un revolucionarios con margaritas en las iris de los ojos y tomates en las manos: “ Preguntaréis:Y dónde están las lilas?/Y la metafísica cubierta de amapolas? Y la lluvia que a menudo golpeaba/ sus palabras llenándolas/ de agujeros y pájaros?. El universo de los hombres Libres y de Buenas Costumbres contesta: en la sangre roja de los niños que nacerán con flores para depositarla en las tumbas de los que un día se atrevieron a combatir las tinieblas de los ultra-conservadores y de sus ministros que se sientan en medio de la platea política, cruzando los brazos frente a su impotencia para detener las “ruedas de la historia”.
Llegando al centenario de mis edades materiales, conservando la juventud en las neuronas sexuales, jamás voy a olvidar el poema 15 del Vate Cósmico: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente,/y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca./ Parece que los ojos se te hubieran volado/ y parece que un beso te cerrara la boca”.
Adivina, incógnita amante cósmica y universalmente hermosa, hada madrina de mis utopías imposibles, para quien estoy escribiendo esta especie de oración de los miércoles: para el más allá, donde viven los mártires y los santos de verdad.
Voy a matricularme en la universidad de los perdones para poder ser tolerante con quienes son intolerantes.
Que así sea…
Assinar:
Postar comentários (Atom)
Nenhum comentário:
Postar um comentário