sexta-feira, 27 de agosto de 2010

Autocrítica del miércoles.

Quién fue el inventor del instrumento lingüístico: tranversalidad? Como la gripe este concepto inconceptuado ha contaminado todas las ciencias, artes y técnicas usadas y mal manejadas por los humanos, en sus más abundantes y profundas dimensiones. Será que puede existir la “transversalidad amorosa”?. Si así lo permitieran los dioses de la ternura, podría acostar mis sueños en la almohada dulce de la anónima enamorada que brota en mis diarios despertares y que navega libre como una golondrina perdida, en el universo apenas por mi conocido y recorrido. Más, me niego amar transversalmente. No soy un Ser Humano deshumano para desviar todos mis pensamientos, emociones, deseos y frustraciones de forma transversal. Desde que mi madre vió que su parto diera origen a un ser masculino que llegaría, tropezón a tropezón, a ser Hombre, he actuado verticalmente: dirigiendo mis miradas cósmicas directo a los ojos de la mujer, por en cuanto amada. Desde la horizontalidad de una existencia geográficamente difícil veo que la oblicuidad es transversalmente incorrecta. Hasta parece hipocresía. Una huida hacia la negación del poder emocional que me atrae a la persona que piensa con su piel y deja que todas las emociones del mundo la vistan como una novia dispuesta a entregarse, incondicionalmente, a su naturaleza femenina, hecha carne y nervios entre los brazos del Atlas minúsculo que pide vivir en sus arterias oceánicas (de aquella sirena que el mundo civil y clerical desconocen, más que duerme conmigo en las horas de sol) Nadie la va a conocer, ni ella misma, ni los demonios que se visten de santos, ni los santos que llevan en sus manos puñados de demonios. Mi amor es para mí. Cuando veo ese fantasma de carne y huesos que afiebran mi cuerpo, me transformo en un Corzo-pirata-tipo filibustero que aborda su boca para callarla con mis besos. Por eso me critico No acepto ser transversal, palabra tan cerca de tranvestil. Prefiero la verdad, ni desnuda ni vestida, apenas la verdad de que nadie conoce mi verdad. Me gusta saborear los versos del eterno Neruda que entretiene a Dios con sus versos escandalosos: “ Amo el amor de los marineros/ que besan y se van…En cada puerto una mujer los espera/ ellos besan y se van…) -Pablo

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