Con la muerte o en estado final de los partidos políticos tradicionales, en toda la cuadratura de la sociedad neo-liberal-capitalista-plutócrata-aristocrática aparece en flor, gloria y majestad el anarquismo científico. Toma actualidad la expresión genial de Pierre-Joseph Proudhon: Mi conciencia es mía, mi justicia es mía y mi libertad es soberana. Los esclavos modernos, igual que los tiempos romanos, Espartaco despertó el espíritu de libertad de los oprimidos por el Imperio. Murió crucificado junto con miles de trabajadores, igual que Cristo que solitario en el Monte Calvario fue víctima de la atrocidad de los poderosos con pies de barro.
La megalomanía, egocentrismo, erotomia y otros ismos de grupúsculos que usando y abusando de la natural e santa ingenuidad que producen discursos demagógicos se enriquecieron con la sangre y sudor ajeno, ha llegado a su fin. Grecia la Magnífica muere en los brazos del FMI y la Zona del Euro se debate entre papeles sin fondos ni valores. Portugal la Navegante zozobra en la tempestad que azota la orgullosa Europa, aquella que desfiló en carnavales coloniales como Primer Mundo, lleno de payasos transvertidos de reyes, emperadores, duques, condes, marqueses y señores de sangre azul como la mugre y no como el mar o el cielo de los campesinos, mineros, pescadores, profesores, médicos, abogados y otros profesionales incorruptos.
Políticos perpetuos senadores, diputados, ministros, alcaldes y ediles hundieron la democracia en los cofres de bancos y en cuentas escondidas en paraísos fiscales (o infiernos celestiales). Jamás de dieron cuenta que estaban condenando sus nietos, con mentiras programáticas, a miseria futura, peor que esta que criaron para quienes mueren en las minas, en los campos, en la pesca, en la oscuridad de los servicios públicos; en los corredores inmundos de hospitales sin salud, en los tribunales que se olvidaron de la belleza de la justicia.
Dictadores y sus sacristanes creyeron que matando intelectuales, exilando líderes honestos, torturando viejos y niños, estuprando mujeres callarían las voces de la juventud; que en vez de poemas y cantos de libertad estarían muriendo eternamente recitando Padres Nuestros y Aves Marías: enuréticos de miedo del infierno creado por nazi-fascistas de hipocresía apocalíptica.
El Honorable diputado (¡ese si que era comunista!) César Godoy Urrutia lanzó denuncia, en las conciencias de los de centro y de derecha que cuando los ricos (que son pocos) quieren defender sus riquezas y privilegios visten un pobre de soldado y punto. Vimos que era una profecía en el negro 11 de septiembre de 1973.
Los gerentes del viejo y anciano neo-liberalismo quisieron narcotizar al pueblo laborioso con autos importados-exportados, celulares, televisión líquida-plasma, condominios cerrados, edificios palomares sin intimidad familiar y sueldos, pensiones, jubilaciones pequeñas.
Inundaron con planos de salud la sociedad, multiplicando las enfermedades.- Sembraron de institutos, facultades, universidades, colegios y jardines de infancia empresariales a tantos dólares, euros o pesos la ignorancia y falta de idoneidad.
Los llamados parlamentarios de todas las botánicas quedaron como monjas carmelitas, totalmente aislados del pueblo y, creo que también de Dios.
No es que el fin del mundo se aproxime como dicen los sacerdotes del desastre celestial (lo hacen para sacar el poco dinero que les sobra a los pobres), es el fin de un sistema arrugado que dura casi 500 años y no sostiene sus piernas artríticas ni el parkinsonismo de sus ambiciones ni con promesas a San Sebastián.
Como vemos: llegó la hora de pedir cuentas a quienes tienen de todo y les niegan a los constructores e sus riquezas todo.
Tal vez de esta legal y linda turbulencia, donde el pobre no tiene nada que perder y mucho que ganar, salga el germen, embrión, feto y niño de un partido político fuertemente ideológico, con una doctrina social de verdad y la práctica política gorda de moral.
Amén.
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