quarta-feira, 2 de dezembro de 2009

La Juventud Atropellada

Unos de los últimos sábados de octubre de 2009, estábamos con mi hijo y una centena más de jóvenes, algunos acompañados por sus madres y padres, protestando por la derrota de nuestro Club, con gritos, saltos y cantos (como acostumbra expresarse la juventud). Nadie tenía una piedra ni un palo que amenazara la integridad física de alguien. Era la natural y justa gota de agua que rebosaba el vaso de la paciencia, pues, presidente, comisión técnica, consejos varios del club, habian demostrado, en el curso del campeonato, su incompetencia absoluta para mantener la institución centenaria en el plano que le corresponde, tanto más cuanto que ya había sido campeón nacional de la serie A. Esa dirección y compañía contaban con la complicidad de algunos medios de comunicación (que no sabemos por qué no les gusta el deporte y prefieren la polítiquería parroquial, no publicaron mi reclamación, por qué?) para mantenerse engordando en la administración. Los gritos y los saltos demostraban la buena salud de los hinchas y su compromiso moral con los destino de su club. Nada de más ni nada de menos.
De repetente una carga de caballería se abalanzó sobre nosotros, dejándonos aturdidos por la desagradable sorpresa de ser tratados como delinquentes, marginales, criminales u otra cosa anti-social. Después de ese ataque gratuito y fuera de todo sentido común, en esta especie de "democracia" en que tratamos de vivir, vinieron los soldaditos de "plomo" con perros para dispersarnos de una reunión totalmente pacífica, normal, justa y defendida por todas las leyes habidas y por haber. Enseguida, vino la retaguardia armada de palos y con la cara fea que todo ignorante del valor de la vida lleva colgada de su nariz, les dió por tratarnos como si hubiesemos asaltado un banco, una residencia, estuprado a la hija del alcalde o de haber denunciado como ladrones a diputados y senadores o gobernadores inútiles. En fin, fue la guerra de esos que aún no entienden que los dictadores murieron. Más, dejaron, como este ejemplo lo demuestra, el rastro nauseabundo de sus macabras obras, asesinatos, torturas, cárceles, exilios, hambres, desempleos, beneficios (?) previdenciales limitando en un chiste grosero. Claro es que esos soldaditos, pagados a un peso el palo, comandados por oficiales que no fueron capaces de ingresar en empleos honorables, viven en poblaciones callampas, con salarios tan miserables como las jubilaciones, con hijos condenados a jamás ingresar a una universidad, con sus esposas teniendo que trabajar como empleadas domésticas de media jornada o de jornada completa en las casa de los ricos, ellos no son culpados de esa maldad y de tener sentimientos agresivos contra los jóvenes. Culpados son los gobernantes profesionalizados en la politiquería marginal, que no entienden que la juventud tiene utopias, sueños e ideales que ellos abortaron cuando consiguieron engañar al pueblo con promesas de justicia social. Gracias a Dios muchos de nosotros, ya pasados los 77 años, aún vivimos los amores de los años verdes, renunciando a podrirnos en las mentiras de los "gobiernos que no nos libraron la injusticia"(?).
Un tenientiño, de esos frustrados por haber sido "corneado" por algún vecinos, cuando le representé mi serena protesta por haber dado gratuita y brutalmente un palo en la cabeza de mi hijo, me orientó a reclamar al gobierno del Estado, amenazándome de prisión y volviendo su trasero de burócrata, se fue a rumiar su tremenda ignorancia, falta de sentimientos e rico en inmoralidad al lado de sus pobres y asustados subalternos (pues algunos de ellos tenía a hijo, sobrino o vecino entre la muchedumbre agredida).
Esta es la herencia que dejan las dictaduras y este es el ejemplo de la cobardía e incompetencia de los gobiernos que no se atreven a retomar el curso de la historia para la construcción de una nueva democracia, baseada en los sagrados princípios de libertad, igualdad y fraternidad.
Mejor es enseñarle a mi hijo que él nunca sea uno de esos posibles y pasibles asesinos de la voluntad popular y que nunca deje de tener sueños, utopías y e ideales, como también no renuncie a su derecho de protestar cuando es engañado o usado en beneficio de inmorales, sólo así sus nietos tendrán un Mundo Mejor, ya que nos, los viejos, tuvimos miedo, nos achaplinamos, callamos, fuimos corrompidos, quedamos analfabetos ideologicamente y no nos interesa la vida de nuestros descendientes.

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