segunda-feira, 23 de novembro de 2009

¿Terminaran las dictaduras?

Los Soldados Policiales
Alguien tiene que levantar la voz en defensa del derecho de los jóvenes a gritar, saltar,cantar y retar, con el lenguaje propio de los adolecentes, enseñados por sus padres, por la enseñanza refleja, por la televisión y por sus grupos pares. Nadie, menos los que se proclaman de "autoridades" pueden prohibirles manifestar sus alegrías o frustraciones que serán siempre alegres e inofensivas, hasta cuando aparece una provocación planificada y gratuita, con rasgos de extrema e patológica agresividad o clima de guerra social e clasista. Las generaciones nuevas no tienen muchos ejemplos que aprender de la ciencia de la ética ni de su acción práxica moral. Escándalos, robos, atropellamiento a todas las leyes por las mismas autoridades que la crearon o que la deben ejercer. Grupos pequeñisimos de individuos en nombre de "partidos" (que apenas son virtuales, neutros, indiferentes, analfabetos de ideologías, filosofías y paradigmas modernos), diciéndose "representantes del pueblo" designan sin el menor rubor a quienes ocuparan aquellos cargos públicos exageradamente bien pagados, a veces transformados en vitalícios; especulan acerca de los (des)méritos de canditados para los Poderes Legislativos, sin la menor verguenza. El pueblo en 99% no tiene la menor idea de que se trata, pues no es ni será jamás consultado y por eso no tiene la más mínima voluntad de participar de todo ese circo inmundo de la politiquería de la marginalización moral.
No podemos, ni debemos, bajo la amenaza de ser acusados de hiper-hipocresía, esconder la cabeza ni en la almohada, en la imbecilidad de las teles novelas o en programas ridículos de la TV, ni en la arena de la indiferencia y pensar o decir que todo en la sociedad y en el mundo esta perfecto, evolucionando hacia los primeros pasos de una democracia participativa de verdad, que estamos progrediendo hacia la paz social y horizontalizándonos económica, social, cultural y espiritualmente. Vemos y sabemos que existe a odiosa lucha de clases, estimulada por la división idiota de la educación en municipal, estadual, privada-comercial-empresarial (situación que origina todo esa criminalidad, prostitución, estupros, asaltos, vagabundeaje, consumo de drogas, tráfico de órganos, secuestros, mendicancia, asesinatos, robos en todas las áreas y esferas del componente humano, etc, etc.,)
Esos jóvenes niños no pueden ser acusados de haber causado esta anarquía jurídica-administrativa-política-social, por lo tanto no se les puede amenazar, con paranoica agresividad y objetivo odio clasista, ni se les puede perseguir o aplastar policialmente con la caballería preterizada, con perros entrenados para matar, palos de madera, escogidos de entre las más duras maderas, para matar o dejar paraplégicos o vegetales, soldados rabiosos con caras de extra-terrestres o de marcianos cansados de viajar por el eter cósmico de la pobreza de salarios. Rostros con los cuales mascaran sus miedos y emociones. Pobres soldaditos, hijos de honestos campesinos trasladados para la ciudad o de trabajadores mal pagados, comandados por sujetos que no consiguieron profesión mejor, pagados a un peso la hora de represión y que aún cargan el olor de miseria de sus barrios abandonados por los poderes públicos (porque el soldado, hasta cabo por lo menos, no vive en condominios cerrados ni en araña-cielos). Ellos son escogidos entre quienes demuestren alto grado de agresividad, excelente indiferencia a los derechos humanos o para la ciencia política. Lo que importa es que sean aptos a obedecer órdenes idiotas dadas por idiotas. Son seleccionados, de la clase proletaria, por sicólogos pagados a un peso por la aplicación de testes que no dicen ni diran jamás nada sobre la cualidad humana de esos "guerreros" de plomo transformados en "autoridades".
Un tio, llamado por la derecha inculta de "Capitán Veneno" decía desde su sillón parlamentário: "Cuando los ricos quieren defender sus riquezas, visten a un pobre de soldado!". Eso era en los años 40 y hasta ahora, después de tantos millones de inocentes muertos en las guerras preparadas por los ricos industriales de la muerte sentados con sus panzas en cómodos sillones de cuero, nada ha cambiado.
Los jóvenes y niños que gustan de deportes, de asistir a los campos de futebol y practicarlos, no tienen la culpa que sus padres tengan que sudar sangre para pagar los indecentes Planos Comerciales de Salud que de salud no tienen nada (mejor etiquetarlos como Planos de Muerte) que favorecen a un puñado de inversionistas y grandes empresas farmacéuticas o dueños de hospitales. Por lo tanto no pueden ni deben ser tratados como delinquentes ni echarles a la cara que son "marginales", porque estan haciendo uso de su razón juvenil. Es todo lo contrario: los marginales son los que están al otro lado: armados con espadas, revólveres, caballos, perros, palos, gases mostardas, de efecto moral. Justamente aquellos desagregados que no tuvieron juventud ni pancrea para generar adrenalina. Son zumbis del Estado de Derecho(?)
El último sábado 21 asistí con mi hijo a un juego de fútbol cuando su time perdió. Encontré natural que se juntaran a otras centenas de hinchas (niñas enamoradas, señoras madres, padres responsables) para protestar contra la indolencia, pereza y torpeza de jugadores, como también gritar pidiendo que el entrenador (pagado millonariamente) se fuera a entrenar macacos a las selvas de amazonia. Todo estaba cierto, era una sola alegría natural y joven, hasta cuando vinieron los "soldaditos" montados en inocentes caballos, blandiendo bastones y dando palos a diestra y siniestra, como si estuvieran en un torneo de la Edad Media o combatiendo a peligrosos enemigos armados; después vino el refuerzo de perros estimulados para morder a quien se pusiera a distancia de sus colmillos. Los oficiales, sargentos, cabos y soldados iniciaron una "guerra" estúpida, inutil, barata y, obviamente, criminal. Cuando el club gana los mismos jóvenes salen a las calles a cantar, gritar, saltar y abrazarse: es la adrenalina y la alegría de sentirse jóvenes.
Por último, quien tiene la culpa que los padres defendamos nuestros hijos de esas agresiones militares extremistas? el amor, simplemente el amor que sentimos, con inmensa ternura, por nuestros retoños, frutos de la pasión por nuestras compañeras.
Entonces le dije a mis hijos, esposa, sobrinos que estaban almorzando con nosotros el domingo: las dictaduras no han acabado...

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