Hubo un tiempo que los
profesores que trabajaban en la misma escuela eran como hermanos; se querían;
respetaban;, ayudaban se unos a los otros como “hijos de una misma familia”.
Ese ambiente fraternal y casi familiar pasaba a los alumnos y contaminaba
positivamente a la familia e, incluso a las autoridades locales, regionales e
nacionales. Todo era como una especie de paraíso en la tierra. Cuando tenían
que exigir de los gobiernos justicia salarial, iban todos. ¡Increíble!, todos marchaban, asistían
con espirito crítico y constructivo asambleas decidiendo libremente los
contenidos, pasos y duración del movimiento gremial o sindical. Si había alguna
rara deserción tal vez sería de 1% o ½%. Los educadores tenían identidad de
Cuerpo, valorizaban su función social, estaban orgullosos de ser representantes
del más alto nivel de la pirámide intelectual-comunitaria-social. Los padres
saludaban respetuosamente al profesor que encontraba en la calle; los alumnos
mostraban con admiración a sus colegas a su maestro; atravesaban la calle para
saludarlo y acompañarlo en su caminada. No eran corporativistas, pues este es
sólo es vicio perverso de ciertos
dirigentes sindicales al servicio de empresarios, comerciantes, latifundistas,
dueños de bancos, políticos profesionales, clérigos de alta patente y por ahí
va.
¡Cómo ensanchaban el pecho las madres y los padres cuando comentaban con
sus vecinos y parientes que su hija o hijo era profesor!
La comunidad, cuando tenía que
elegir sus representantes para parlamentos o gobiernos indicaban, sin miedo ni
contestaciones, a un profesor. Inclusive para cargos sociales y deportivos. Los
diarios locales estaban llenos de artículos, trabajos, tesis y propuestas de
maestros primarios, secundarios e universitarios: era una luz al final del
túnel social o la base de lanzamiento del cohete del progreso global.
La alta burguesía nacional al
servicio incondicional de la Oligarquía Internacional se dio cuenta que sus
privilegios corrían peligro porque los profesores unidos en un mismo ideal de
sociedad perfectamente democrática conseguían estimular la comunidad a pedir
democracia real, moralidad en la gestión pública y privada y extensión de todos
aquellos beneficios que la civilización ofrece apenas a las elites. Los
profesores eran los líderes del futuro y herramientas de justicia humanista,
igualdad, fraternidad y libertad en el presente.
¿Entonces que hicieron los enemigos de la libertad de conciencia y del
progreso horizonto-vertical? Reunidos en aquelarres clandestinos, junto a
eternos enemigos de la igualdad cardinal con colonizadores de conciencias,
negros dueños de guerras fratricidas, con hechiceros fabricantes de remedios
inútiles, con invasores de tierras de indios-nativos, administradores de
carteles de drogas, prostitución y deportes mercenarios, etc. movilizaron sus
peones parlamentarios e inventaron “la elección de directores en cada escuela”:
pronto, estaba lanzada la semilla de la politiquería, aventurerismo
profesional-pedagógico, lucha de comadres o compadres, enemistad y división
peligroso de grupos, campañas feroces de simpatizantes de uno u otro colega y
apareció (no por arte de magia, pues todo estaba perfectamente calculado en
gabinetes de ultramar y del Norte Siniestro) toda la mugre que el mundo
materialista, consumista de suntuarios, bélico, racista, dogmático,
exclusivista, capitalista-neo liberal inventa para hacer “del hombre el lobo
del hombre”.
¡Y el daño está hecho! No hay más paz fraternal en las escuelas. Esos
partidos políticos de tripas fisiológicas consiguieron entrar en salas de aulas
para sembrar desconfianza, miedo, amenazando brutalmente con los aparatos
represores sicológicos del sistema, Y la escuela pública comenzó a morir para
que de sus restos mortales naciera la Empresarial Privada y Clerical.
Ser Director de Escuela no
necesitaba más cursos de pós-graduación, especialización, maestría o doctorado.
Bastaba ser miembro pasivo o activo del partido de turno en el Poder.
“Pasarán más de mil años/ muchos
mas ” (¿) Como dice una canción chilena muy popular, para que la sociedad se de
cuenta que la delincuencia que sufre en las calles y en todas partes, que la pudrición
política y corrupción, indiferencia de la comunidad frente al desmando de
gobiernos y gobernadores es porque Su
Majestad El Profesor fue rebajado a simple alfabetizador, funcionario
público o material humano descartable. Sin embargo, existe una luz al final del
túnel histórico: el parto de Partidos Ideológicos de Izquierda que vienen en
los senos de Movimientos Populares de Contestación. Basta ellos se instalar y ese
sueño de Tomas Moro de Democracia vestida como novia casarse con el futuro de
paz local, nacional e internacional. Así volverá a renacer la Escuela Pública
con toda su matriz llena de historias, corrigiendo errores y planificando
virtudes.
(Sin duda que muchos,
ojala no todos, no estarán de acuerdo con estas ideas nacidas del ejercicio
docente desde escuela rural hasta la universidad).
Pablo Pinto Ballesteros
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