Ahora, como un Juan Cristoval (robándole a Romain Rolland su Idea) puedo salir a la calle y gritar en cada primavera de cada geografía propia o ajena que soy libre, terriblemente libre, porque mis hermanos me dieron un abrazo de ternura y colocaron sus hombros, llenos de corazones, para que dejara mis tristezas correr como “Oleo por la Barba de Aaron” (al buen entendedor pocas palabras). Puedo correr por las calles como loco llevando, como dice la canción: un melón por sombrero y muchas alas en los tobillos y volar y volar, riendo y llorando de emociones para aquel taller donde se trabaja por la paz, la fraternidad, la igualdad en la alfombra mágica y voladora de la libertad.
Sin embargo, me gustaría ser mentiroso, saber mentir como arte mefistofélica para fabricar diabólicas calumnias contra seres humanos honestos y matar sus ilusiones de amor y callar sus bocas de donde salen poemas inmensos de ternura universal y humanista que sus madres les dieron cuando aún colgaba de sus senos. Más, no puedo. Me acostumbre tanto a cabalgar en el planeta de la verdad que si me bajo tendré que morir aplastado por mis sueños y los sueños de tantos de que un dia dijeron que el sol de verano saldrá del oriente, caminando como un niño hacia el ocidente, derramando pétalos de flores como si fueran instrucciones para crescer en moral y sabiduría.
Allí, escondido en sus maldades, envuelto en un capuz de hipocresias, está una sombra que no ama la verdad de los humanos, ni la creación infinita conocida y desconcida del Dios de todos los universos. No está solo, lo acompaña como peste negra un puñado de arquitectos de las noches, rufianes disfrazados de hermanos que son tan impotentes como los eunucos de las Mil y uma Noche, porque las mentiras tienen piernas de lombrices y duran como el parto de la montaña: nada.
Dejémolo. El tiene derecho a ser perverso, como un vampiro bebiendo el dinero sudado de sus obreros. Mañana cuando la Tierra despierte, todos los ángeles lo verán humillado y tan solo que dará la impresión que no existe más. Pero ¿quién es él? Nadie. Esto es apenas uma apologia de lo que no debemos ser, imitar ni amar.
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