No se si voy a tener otra recaída de mi enfermedad de porfiado y sincero romántico, aún joven en mis casi 79 años de peregrino, dueño de tantas nacionalidades, como universos sembrados en el territorio de mi imaginación. Debo confesar, sin ruborizarme que perdí la confianza (o la fe) en esos entes (así con minúscula) que se disfrazan, sin la más mínima verguenza, menos con niungún peso de conciencia - si es que la tienen - de " socialistas, comunistas, social-demócratas, demócrat cristianos, radicales y con otros palabrones que hacen temblar las estrellas del firmamento filosófico, ideológico, doctrinario acostumbradas a leer en el cuaderno eterno de sus memorias que esos conceptos eran enarbolados por personas que pasaron a la historia como heroes, por haber independizado hombres y mujeres del yugo de la opresión de las podridas monarquías e abyectas aristocracias, plutocracias y otras salvagerías.
Confieso mi incondicional inclinación para la más pura como beatífica anarquía, laica, anti-clerical, con fondo celestial de Fraternidad en la inmensidad de la Igualdad que nada como astro en el oceano de la soñada y nunca alcanzada Libertad. También confieso, sin temor de maniquísmo, mi ingenua vocación religiosa que no tiene volumen en este espacio terrenal o solar; menos en este ridículo y asimétrico modelo capitalista-liberal-burgués y apolítico, goberrnado por apolíticos hambrientos de escándalos y robos.
Como ex-preso político, con las cicatrizes abiertas por la tortura y el exilio. Como militante inconfeso del Marxismo Científico, Evolutivo y Progresista, rechazo a esos que caminan con la cabeza inclinada hacia el lado izquierdo y con sus pensamientos vueltos para la derecha, pidiendo a los "Pobres Construtores de Riqueza" que los escojan como legisladores o Mandatarios para así continuar sin sudar ni gozar del martirio de salários de hambre. Tengo la inmoralidad de mi Moral para denunciar a los políticos atornillados en la teta pública; a los mercaderes del templo social; a los que fueron levantados en los hombros de la esperanza milenaria para tener Pan - Techo y Abrigo y reciben como respuestas a sus oraciones electorales el silencio o rosarios de promesas mentirosas de que mañana, tal vez otra mañana, sus biznietos podrán tener Educación Científica y Global, Salud Preventiva y Curativa alejada del comercio indecente de las mortíferas industrias farmaceuticas o de las vorazes manos de los dueños de hospitales en donda la salud se vende a tantos dólares las aspirinas y los pacebos.
Nadie, que tenga un dedo de frente, entiende el por qué esos sujetos se visten como socialistas, comunistas, demócratas o cristianos si son analfabetos de las alturas atacameñas de las Ideologías ni tienen interés en desmentir las calumnias asquerosas de Fukiyama que decreto en la fosa de sus extrementos intelectuales que " la história había muerto", en circunstancias que bendecía satánicamente las ideologías nazistas, facistas, monárquicas y esclavistas bélicos.
Claro que merezco el Premio Nobel por mi honestidad para gritar lo que otros callan; por ser un leal Obrero de la Paz. Si le dieron ese premio a Kissinger que instaló, defendió y alimentó las peores dictaduras asesinas en toda América Morena y en el riquísimo Continente Africano; si premiaron a Obama que envia pobres jóvenes, aún no educados en la geografía de la verdad, armados con los cuernos demoníacos de instrumentos de tortura a matar pobres campesinos, moradores de cavernas y legitimamente fieles de tradiciones religiosas e históricas. Si le dieron premios de la Paz a los Gerreros de la Muerte, por qué no dármelo si no me atrevo a matar una mosca? Por qué no a mi que soy un pésimo educador y peor amante? Creo, como dice, Isabel Allende: "El Premio no distingue tanto a quien lo recibe como a quien lo da" (La Suma de los Dias, pág.123 - si la memoria no me engaña).
Fraternalmente, sin la menor hipocrecía: Pablo Ballesteros
Confieso mi incondicional inclinación para la más pura como beatífica anarquía, laica, anti-clerical, con fondo celestial de Fraternidad en la inmensidad de la Igualdad que nada como astro en el oceano de la soñada y nunca alcanzada Libertad. También confieso, sin temor de maniquísmo, mi ingenua vocación religiosa que no tiene volumen en este espacio terrenal o solar; menos en este ridículo y asimétrico modelo capitalista-liberal-burgués y apolítico, goberrnado por apolíticos hambrientos de escándalos y robos.
Como ex-preso político, con las cicatrizes abiertas por la tortura y el exilio. Como militante inconfeso del Marxismo Científico, Evolutivo y Progresista, rechazo a esos que caminan con la cabeza inclinada hacia el lado izquierdo y con sus pensamientos vueltos para la derecha, pidiendo a los "Pobres Construtores de Riqueza" que los escojan como legisladores o Mandatarios para así continuar sin sudar ni gozar del martirio de salários de hambre. Tengo la inmoralidad de mi Moral para denunciar a los políticos atornillados en la teta pública; a los mercaderes del templo social; a los que fueron levantados en los hombros de la esperanza milenaria para tener Pan - Techo y Abrigo y reciben como respuestas a sus oraciones electorales el silencio o rosarios de promesas mentirosas de que mañana, tal vez otra mañana, sus biznietos podrán tener Educación Científica y Global, Salud Preventiva y Curativa alejada del comercio indecente de las mortíferas industrias farmaceuticas o de las vorazes manos de los dueños de hospitales en donda la salud se vende a tantos dólares las aspirinas y los pacebos.
Nadie, que tenga un dedo de frente, entiende el por qué esos sujetos se visten como socialistas, comunistas, demócratas o cristianos si son analfabetos de las alturas atacameñas de las Ideologías ni tienen interés en desmentir las calumnias asquerosas de Fukiyama que decreto en la fosa de sus extrementos intelectuales que " la história había muerto", en circunstancias que bendecía satánicamente las ideologías nazistas, facistas, monárquicas y esclavistas bélicos.
Claro que merezco el Premio Nobel por mi honestidad para gritar lo que otros callan; por ser un leal Obrero de la Paz. Si le dieron ese premio a Kissinger que instaló, defendió y alimentó las peores dictaduras asesinas en toda América Morena y en el riquísimo Continente Africano; si premiaron a Obama que envia pobres jóvenes, aún no educados en la geografía de la verdad, armados con los cuernos demoníacos de instrumentos de tortura a matar pobres campesinos, moradores de cavernas y legitimamente fieles de tradiciones religiosas e históricas. Si le dieron premios de la Paz a los Gerreros de la Muerte, por qué no dármelo si no me atrevo a matar una mosca? Por qué no a mi que soy un pésimo educador y peor amante? Creo, como dice, Isabel Allende: "El Premio no distingue tanto a quien lo recibe como a quien lo da" (La Suma de los Dias, pág.123 - si la memoria no me engaña).
Fraternalmente, sin la menor hipocrecía: Pablo Ballesteros
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