terça-feira, 6 de outubro de 2009

LA PRIMAVERA QUE MUERE

La plaza estava tomada por prostitutas de precios bajos, borrachos sin dinero, perros sin dueños y chiquillos con miedo de las matemáticas y por eso fugitivos de la cárcel escolar.
Al frente, como una vieja malhumorada, sentada en sus piedras y ladrillos estaba la iglesia, con su boca oscura, como una puerta de casa vacia, afirmada en un bastón que le servía de campanário y también de despertador para las poquísimas conciencias que se atrevían a desafiar la falta de fé e iban a depositar sus traseros en los bancos internos, encuanto un cura con cara de sueño y rostro vinoso trataba de navegar por los mistérios de los Evangelios, sin conseguir convencer a los poços oyentes a despertar o dejar sus imaginaciones abandonar la cama donde, talvez dormia uma mujer desnuda.
En esa plaza había de todo, desde desahuciados políticos a vagabundos que pretendían un trabajo público para no trabajar y repartían, sin mucho interes moral “figuritas” coloridas en donde un candidato a cualquier cosa, mostraba los dientes para ocultar su desprecio por los pobres ancianos que dormian muriendo en los bancos de madera dura y destemida.
Lo que más me llamaba la atención era un perro anatomicamente esquelético que lambia las piernas desnudas y sucias de un pordiosero miserable que, ya había perdido la fe, el hambre cotidiana y eunuca, la decencia de tener que luchar contra su pobreza mental y social. El perro parecía ser el único y último suspiro de toda la población que llenaba la plaza que los milicos denominaban de Plaza de Armas, no se por qué?
Más también, en una esquina, la más poblada, había sentado sus domínios una vieja prostituta, llena de escamas de maquillanje que trataba, sin lograrlo, disimular los estragos de la vida sexual a tantos pesos el orgasmo. Los autos de los funcionários públicos o simplemente de los burgueses sin alma, pasaban sin prestar atención e esa basura humana, como queriendo decir que ellos eran de materia noble y aquellos apenas de un plomo enfermizo.
Qué estaba haciendo yo en médio de esa nada? Ni me recuerdo más, pero creo que fue cuando un sujeto disfrazado de general y en nombre de La Gran Prostituta:La Democracia, mató al Presidente del Pueblo, metió vários millones de hombres en calabozos secretos, llenó los eatadios con prisioneros de su guerra súcia, mató un montón de intelectuales, dirigentes sindicales, incluso curas progresistas, y en nombre de Dios y de la Santa Pátria me mando al exílio que, hasta el dia de hoy, ni entiendo ni quiero vivir.
Entonces, yo era también una espécie de paloma suelta en esse zoológico de espécies humanas, indefinidas social y religiosamente. Tênia que convencerme que solo saldría de ese campo de cosas inútiles si encontrase un amor, pero un amor de verdad, un amor de carne y hueso, un amor con piernas sentimentales que caminase a mi lado sin asegurarme ni herirme con falsa u obligada piedad.
Talvez después de la misa de las once podría encontrar una mujer ni vieja ni joven, pero aún virgen. O talvez tendría que acostarme al lado de los viejos que morian sin saberlo, aplastados por tantos años pesando en sus moribundos párpados, conversar sobre flores y primavras muertas con la vieja puta y hacerme amigo del perro que lambia las piernas sucias del desocupado preocupado en viajar por los caminos de la diária borrachera.
Tênia outro camino: no hacer nada y recordar que cuando joven habíame convertido em um existencialista con cara de anarquista sin alma y sin de nada que soñar.

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